Efectos de los Aumentos de Aranceles Dispuestos por Trump
Los aranceles han sido una herramienta de política económica recurrente en la historia de Estados Unidos, y la administración de Donald Trump ha vuelto a popularizar su aplicación como mecanismo de presión comercial. Para comprender los efectos de estas medidas, es útil recordar antecedentes históricos, como la Ley Smoot-Hawley de 1930, que elevó los impuestos a las importaciones en aproximadamente un 20%. Esta medida tuvo consecuencias severas en el comercio global, profundizando la Gran Depresión.
En aquel entonces, las exportaciones estadounidenses cayeron alrededor de un 40% debido a represalias comerciales de países como Canadá y las naciones europeas, que respondieron con aumentos arancelarios propios. Esto generó una cadena de efectos negativos que incluyó la reducción de la producción industrial, el colapso del comercio internacional, la caída de los precios y los ingresos fiscales, el aumento del desempleo y la pobreza, y la depreciación de monedas como la libra esterlina y el dólar.
Si bien el contexto económico global actual es distinto al de la década de 1930, la política arancelaria de Trump plantea riesgos similares. Sus primeros meses en la Casa Blanca marcaron un endurecimiento de las relaciones comerciales con China y otros socios comerciales clave, con aumentos de aranceles que han generado incertidumbre en los mercados.
Históricamente, las crisis comerciales han redefinido el equilibrio de poder en el mundo. La Gran Depresión impulsó la supremacía económica de Estados Unidos, mientras que las actuales tensiones comerciales podrían reconfigurar el liderazgo económico global. Observadores políticos advierten que medidas proteccionistas pueden tener efectos contraproducentes, afectando tanto a consumidores como a sectores industriales dependientes del comercio internacional.
La experiencia sugiere que una política arancelaria agresiva no solo afecta a las economías extranjeras, sino que también impacta negativamente a los propios consumidores y empresas estadounidenses. En un mundo interconectado, las represalias comerciales pueden desencadenar un efecto dominó con consecuencias impredecibles. Como dice el refrán, “guerra avisada no mata soldado”, pero la historia demuestra que el proteccionismo extremo puede dañar tanto a sus promotores como a sus adversarios.

