Rehabilitar a un adicto es un proceso largo y costoso que carece de apoyo oficial y seguro médico, advierte Roberto Peralta
El proceso de desintoxicación y rehabilitación integral de una persona dependiente a sustancias psicoactivas representa un desafío financiero sumamente elevado que alcanza entre los 300,000 y 350,000 pesos en su primer mes, según advirtió Roberto Peralta, director del Centro de Salud Mental Resiliencia. Peralta explicó que el abordaje efectivo de la adicción no consiste únicamente en aislar al paciente, sino en estructurar un tratamiento multidisciplinario compuesto por psiquiatras, psicólogos y enfermeros que acompañen la reinserción del individuo. “El tratamiento debe ser integral, donde la persona esté dentro del centro e ir reconectándola gradual y paulatinamente con la sociedad”, sostuvo Peralta en diálogo con Julio Hazim y Michael Hazim.
Al abordar las falencias del sistema sanitario nacional, Peralta criticó que las Administradoras de Riesgos de Salud (ARS) y las instituciones estatales no ofrecen cobertura ni financiamiento para estas patologías. “En el régimen de salud de República Dominicana no se reconocen las adicciones como un problema de salud que merece cobertura; nuestra sociedad todavía lo ve como una cuestión moral o de un charlatán y no como la hipertensión o la diabetes”, afirmó. Asimismo, aclaró que los centros privados operan sin subvención gubernamental, señalando que “no hemos recibido ninguna ayuda” por parte de las autoridades correspondientes, a pesar del aumento progresivo en la circulación de sustancias sintéticas como el fentanilo.
Respecto a los protocolos de internamiento, Peralta subrayó que la retención involuntaria requiere de un marco legal estricto para no incurrir en un delito. “Para buscar a una persona de manera involuntaria tiene que haber una orden psiquiátrica y cumplirse criterios como que represente un peligro para sí mismo, para los demás o que no se pueda cuidar solo; de lo contrario, es algo ilegal”, precisó. Finalmente, enfatizó que la adicción es una enfermedad crónica controlable y que la sociedad debe cambiar su percepción sobre la recuperación: “Las recaídas son parte del proceso, pero una persona rehabilitada se puede mantener funcional e integrarse plenamente a una vida productiva”.

