Osiris de León advierte que el Estado debe basar construcciones y obras públicas en estudios de resistencia sísmica y geología local

El geólogo Osiris de León afirmó que la República Dominicana arrastra una deuda estructural en materia ambiental, sísmica y de planificación territorial, y advirtió que el Estado debe acudir de manera obligatoria a estudios de resistencia sísmica, microzonificación y geología del subsuelo antes de autorizar construcciones públicas y privadas, especialmente en un país expuesto a terremotos, huracanes e inundaciones.

Durante su participación en Revista 110, de León señaló que el país inicia el año enfrentando múltiples retos ambientales acumulados, entre ellos la gestión deficiente de los residuos sólidos, la falta de educación ambiental, la desactualización de reglamentos de construcción y una comprensión limitada del vínculo entre desarrollo económico, minería y protección del medio ambiente.

El especialista sostuvo que, pese a décadas de discusión, la República Dominicana aún no ha logrado convertir los residuos sólidos en una industria formal y sostenible, como ocurre en países desarrollados y en algunas economías latinoamericanas. Criticó la práctica histórica de disponer basura en vertederos improvisados cercanos a ríos, confiando en que las lluvias arrastren los desechos, y valoró como un paso necesario la modificación reciente de la Ley de Gestión Integral de Residuos Sólidos, aunque advirtió que su aplicación sigue siendo un desafío.

En materia minera, de León rechazó la idea de que toda actividad extractiva sea sinónimo de daño ambiental. Explicó que la legislación obliga a la remediación y al principio de “el que contamina paga”, y planteó la necesidad de incorporar en el sistema educativo una asignatura que permita comprender que todo proyecto —industrial, hotelero, minero, agrícola o urbano— debe ser evaluado y mejorado técnicamente, no rechazado de forma automática.

Uno de los puntos centrales de su análisis fue la vulnerabilidad sísmica de las edificaciones, especialmente en Santo Domingo. Indicó que muchas estructuras fueron levantadas antes del reglamento preliminar de 1979 o del reglamento sísmico vigente desde 2011, y advirtió que ningún reglamento debe considerarse definitivo, sino revisarse periódicamente, como ocurre en países desarrollados. Citó el caso de Turquía, donde edificaciones consideradas sismorresistentes colapsaron tras un terremoto reciente, evidenciando fallas en la normativa.

De León explicó que la seguridad estructural no depende solo del diseño, sino de la respuesta sísmica local del terreno, que varía incluso dentro de una misma zona. Señaló que áreas asentadas sobre roca caliza coralina, como partes de la avenida Anacaona, ofrecen mejor comportamiento sísmico que zonas asentadas sobre arcillas, como sectores de Santo Domingo Norte y Oeste. Sin embargo, advirtió que incluso en zonas rocosas es obligatorio validar la calidad del subsuelo mediante estudios geofísicos, ya que pueden existir cavidades, dolinas o bancos de coral no cementados que comprometen la estabilidad.