El fracaso de la educación dominicana comienza con su liderazgo
El sistema educativo público de la República Dominicana enfrenta serios desafíos estructurales y de gestión que impiden alcanzar niveles óptimos de calidad en el aprendizaje. De acuerdo con Juan Valdés, el núcleo de la problemática radica directamente en la dirección del sector, afirmando de manera categórica que “el fracaso de la educación dominicana comienza con su liderazgo”. Durante un análisis del panorama nacional, se destacó que a lo largo de los últimos 13 años bajo la asignación presupuestaria del 4% para la educación, el Ministerio no ha contado con verdaderos expertos en la materia al frente de la institución, lo que ha derivado en políticas erráticas y en una notable falta de rigor científico en la toma de decisiones.
A la deficiencia en la gobernanza se suman las deplorables condiciones de infraestructura y de bienestar en las que interactúan los estudiantes. “Ir a una escuela pública es ir a un ambiente que no produce situaciones significativas de aprendizaje”, enfatizó el especialista, detallando que las aulas sufren de sobrepoblación, mala iluminación y falta de mobiliario adecuado. Asimismo, se cuestionó la calidad nutricional del desayuno escolar, compuesto recurrentemente por harinas y leche descremada, un esquema alimenticio que resulta insuficiente para las necesidades neurobiológicas del alumnado. A nivel de recursos didácticos, la situación se complejiza con la distribución de libros de texto que contienen numerosos errores pedagógicos.
El déficit de infraestructura es otro de los factores críticos que actualmente vulnera el derecho constitucional a la educación de miles de infantes en las etapas más cruciales de su desarrollo cognitivo. Según los datos presentados, el país arrastra una carencia superior a las 25,000 aulas, situación que provoca que “más de 600,000 niños este próximo año escolar volverán a quedarse fuera de la escuela”, afectando principalmente al segmento de la primera infancia entre uno y cinco años de edad. Finalmente, se denunció que el presupuesto destinado al sector se ha visto reducido en la práctica a un 3.83% del Producto Interno Bruto (PIB) proyectado, evidenciando además una marcada incapacidad de ejecución presupuestaria al registrar sobrantes millonarios cada año.

