Dr. Edison Rodríguez: “No existe evidencia científica sólida de una cura para el autismo”
El director del Centro de Atención Integral para la Discapacidad (CAID) en Santo Domingo Oeste, Edison Rodríguez, aclaró que el autismo es una condición de origen eminentemente genético y multidimensional para la cual la medicina no dispone de una solución definitiva. El especialista puntualizó que “desde la perspectiva clínica no existe un cuerpo de evidencia sólido que justifique hablar de curación ni de mejoramiento considerable cuando se simplifica el autismo a una sola dimensión: la suplementación”. Julio Hazim y Michael Hazim guiaron la conversación hacia el impacto que tiene este diagnóstico en el entorno familiar y los riesgos de generar falsas expectativas.
Durante su intervención, el especialista insistió en que el manejo terapéutico debe centrarse en mantener la angustia bajo control, un factor que resulta clave para el pronóstico y el desarrollo de los infantes. Al explicar la complejidad del trastorno y la imposibilidad de una cura tradicional, Rodríguez señaló que “ese puente nunca se va a conectar de una manera neurotípica; ese puente se construye atravesando otras áreas hasta llegar para que la información que debía llegar de A a B llegue, pero no va a llegar de A a B independientemente de la cantidad de terapias”. Añadió que la clasificación del espectro siempre es un reto médico y que la mejor suplementación radica en una dieta adecuada, siendo los fármacos meros acompañantes en el proceso.
A pesar de las limitaciones operativas y la alta demanda que enfrenta la red pública, que cuenta con cuatro centros a nivel nacional y unos 3,600 niños en terapias activas, el objetivo institucional sigue enfocado en optimizar la independencia de cada paciente. “Nosotros buscamos explotar el potencial del individuo para poder ser un ente productivo en sociedad y se consiguen resultados en muchísimas casos”, afirmó Rodríguez. Asimismo, recalcó que los mayores testimonios de éxito se aprecian en aquellos hogares que logran un equilibrio entre la responsabilidad propia y la del Estado, priorizando una red de apoyo comunitaria y un manejo ético del duelo que conlleva la discapacidad.

