La cartera de crédito en moneda extranjera ascendió a los US$10,228.52 millones en 2025

La cartera de crédito en moneda extranjera del sistema financiero
dominicano ascendió a US$10,228.52 millones al cierre de diciembre de 2025,
representando el 24% de la cartera total.
La información está contenida en el Informe sobre el comportamiento de la cartera en
moneda extranjera, publicado por la Superintendencia de Bancos (SB).
El rubro económico al que se dirigió la mayor proporción de estos préstamos en 2025 fue
el sector eléctrico, cuya cartera ascendió a US$1,761.1 millones y representó el 19.4% de
los créditos en moneda extranjera. Le siguen los sectores turismo y actividades
inmobiliarias, cuyos préstamos representaron el 18.6% y el 11.1%, respectivamente.
El informe también revela que 41.2% de la cartera está dirigida a sectores generadores de
divisas y el 58.8% a no generadores.
En cuanto a los indicadores de riesgo, la publicación de la SB muestra que la morosidad se
mantiene por debajo del resultado del sistema financiero, ubicándose en 0.6% durante el
año pasado, en línea con el promedio de los últimos cinco años.
Las provisiones para cubrir la cartera vencida en moneda extranjera (la que tiene atrasos
superiores a los 90 días) representa más de tres veces la exposición a incumplimientos. A
diciembre de 2025, las provisiones constituidas en moneda extranjera se colocaron en
357.3%.
Relevancia de esta cartera
La intermediación financiera en moneda extranjera constituye un componente relevante
dentro de la estructura del sistema financiero, al facilitar el acceso al financiamiento en
divisas a sectores económicos que presentan necesidades específicas de este tipo de
recursos.
Esta dinámica contribuye al sostenimiento de actividades vinculadas al comercio exterior,
inversión y la generación de ingresos en moneda extranjera.
Durante el periodo analizado, la cartera en moneda extranjera ha mostrado un
comportamiento estable, con una evolución consistente y acorde a la dinámica del
mercado. Su desempeño refleja una gestión prudente del riesgo y una demanda sostenida
por parte de los agentes económicos, manteniendo indicadores que respaldan la calidad
del portafolio.