Irán en llamas mientras Estados Unidos se prepara para una posible intervención militar
Greysis de la Cruz opina que la situación interna de Irán se ha convertido en uno de los focos geopolíticos de mayor riesgo a nivel internacional, en medio de protestas masivas, una represión severa y señales claras de que Estados Unidos evalúa distintos escenarios de intervención, en un contexto marcado también por los intereses estratégicos de Israel.
Durante su análisis en Revista 110, se señaló que, aunque las autoridades iraníes han logrado un control parcial de la situación en comparación con el pasado fin de semana, el país continúa sumido en una crisis profunda. Desde finales de diciembre, las protestas han dejado cientos de muertos y miles de detenidos, según datos verificados por organizaciones no gubernamentales con sede en Estados Unidos, en un escenario donde el bloqueo del internet y de las comunicaciones impide contar con cifras oficiales precisas.
El fiscal general del régimen de los ayatolás declaró que cualquier persona que participe en las manifestaciones será considerada “enemigo de Dios”, lo que conlleva la aplicación de la pena de muerte según la legislación vigente. Paralelamente, las comunicaciones diplomáticas y mediáticas continúan severamente restringidas, mientras se reportan enfrentamientos violentos y una fuerte presencia militar en las calles de Teherán.
En Washington, el tema de Irán figura como punto central en las reuniones del Consejo de Gobierno. El presidente Donald Trump ha advertido públicamente que Estados Unidos está preparado para intervenir, y medios estadounidenses señalan que se evalúan opciones que van desde ataques puntuales hasta estrategias de presión sostenida. El Departamento de Estado ha reiterado que el país está listo para responder ante cualquier escalada externa o regional.
El análisis destaca que, aunque el gobierno iraní ha insinuado posibles respuestas contra Israel, estas declaraciones deben leerse en el contexto interno de las protestas, como un intento de desviar la atención y generar cohesión nacional frente a un enemigo externo. Las manifestaciones, sin embargo, continúan extendiéndose desde los bazares comerciales hacia universidades y barrios populares, con una participación destacada de minorías como los azeríes, la más numerosa del país.
Las causas de las protestas son fundamentalmente económicas: sequía prolongada, escasez de agua, inflación descontrolada, devaluación de la moneda y una economía asfixiada por sanciones internacionales y mala gestión interna. No obstante, por primera vez, las demandas incluyen de forma explícita el fin del régimen de los ayatolás liderado por Ali Jameneí, lo que marca una diferencia sustancial respecto a estallidos sociales anteriores.
El escenario iraní se analiza también en conexión con los acontecimientos recientes en Venezuela. Tras la presión directa sobre el gobierno de Nicolás Maduro, Trump declaró que la estrategia continuaría hacia Cuba e Irán, lo que sugiere una política orientada a provocar una ola de desestabilización en países considerados hostiles por Washington.
En ese contexto, se identifican tres rasgos centrales de la actual política exterior estadounidense: la disposición de Trump a utilizar la fuerza militar sin reservas, incluso en ámbitos tradicionalmente sensibles; la estrategia de asfixia económica sin considerar el impacto humanitario; y la pasividad de China y Rusia, que hasta el momento no han reaccionado de forma efectiva ante estas acciones.
Aunque un eventual cambio de régimen en Irán podría favorecer los intereses de Estados Unidos e Israel, especialmente en relación con el programa nuclear iraní y la estabilidad del mercado petrolero, el análisis advierte que Irán no es comparable con otros escenarios. Se trata de una civilización milenaria, con una identidad nacional sólida y una población cercana a los 90 millones de personas, lo que hace extremadamente compleja cualquier intervención directa.

