El desafío del juego: Cómo el conflicto de intereses legislativo afecta el presupuesto nacional

La República Dominicana enfrenta una situación financiera compleja con un **presupuesto nacional** proyectado de casi 2 billones de pesos, el cual arrastra un **déficit cercano al 25%**, equivalente a unos 250,000 millones de pesos. El análisis de Julio Hazim señala que este vacío fiscal podría subsanarse mediante una regulación efectiva del sector de los juegos de azar. Sin embargo, a pesar de existir propuestas para regularizar esta actividad, incluso con el apoyo de sectores eclesiásticos importantes, los proyectos de ley permanecen estancados en el Congreso sin ser discutidos.

El núcleo del problema reside en un profundo **conflicto de intereses**, ya que numerosos legisladores son propietarios de consorcios de bancas de apuestas. Se ha denunciado que algunos congresistas operan cientos de bancas legales e ilegales simultáneamente, creando un sistema donde **”las bancas legales son las dueñas de las ilegales”**. Esta estructura permite que el sector se supervise a sí mismo, ya que los mismos políticos que deben legislar y controlar son los beneficiarios directos del negocio, protegiendo así la evasión de impuestos ante la indiferencia de los diversos sectores de la vida nacional.

Por otro lado, los esfuerzos actuales para combatir la corrupción no logran compensar las pérdidas fiscales del país. Los procesos judiciales vigentes y los acuerdos de **delación premiada** han resultado insuficientes, ya que se afirma que los implicados suelen devolver apenas una mínima fracción de lo confiscado, a menudo cerca del 1%, y bajo condiciones impuestas por ellos mismos. Esta falta de efectividad en la recuperación de activos públicos, sumada a la advertencia sobre el destino de otros mandatarios de la región que han terminado en prisión, subraya la necesidad de una administración más transparente y libre de influencias privadas en los sectores que más recursos podrían aportar al Estado.

Para entender mejor esta situación, es como confiarle el cuidado del gallinero al zorro: por más que se prometan reglas de seguridad, el inventario nunca cuadrará mientras el encargado de la vigilancia sea el principal interesado en que falten las gallinas.