Julio Hazim analiza la insistencia del presidente Abinader en distanciarse de actos de corrupción
Julio Hazim reflexionó sobre la constante necesidad del presidente Luis Abinader de marcar una separación pública frente a los casos de corrupción que involucran a funcionarios de su administración. “Encontramos raro la insistencia cada vez que tiene oportunidad de separarse de los actos de corrupción; no entendemos si nadie lo está relacionando con esos actos”, cuestionó, subrayando que la población está consciente de que el mandatario no tiene vínculos directos con dichas irregularidades. Hazim señaló que, aunque se reconoce la integridad del presidente, resulta llamativo que en escenarios de primer orden reitere que “ni tenía conocimientos ni era cómplice”.
En su análisis, Julio Hazim planteó que existen problemáticas estructurales que un presidente no puede erradicar por completo, como la cultura de corrupción impuesta por décadas o la crisis migratoria haitiana. Sin embargo, criticó lo que percibe como un exceso de declaraciones tanto del mandatario como de figuras internacionales sobre temas judiciales. “Parece que vamos a llegar a un punto en que no va a haber otra alternativa que condena a los casos que él se refiere”, advirtió, sugiriendo que tales pronunciamientos podrían presionar la independencia de poderes al calificar expedientes antes de que un juez emita una sentencia definitiva.
Por otro lado, la redacción de la nota destaca la preocupación por el tono de las advertencias diplomáticas y gubernamentales. Julio Hazim comparó la postura de Abinader con las recientes declaraciones de la embajadora de Estados Unidos, quien afirmó que no tolerará actos de corrupción en su misión ni en otros países. “Esa frase cuidadosamente colocada trasciende la administración interna de la embajada y funciona como una señal hacia los países con los que Washington coopera”, indicó el comunicador. Concluyó reiterando que, si bien se sabe que el presidente “no es cómplice de nada malo”, su insistencia en trazar esa “raya de Pizarro” resulta innecesaria y genera interrogantes sobre sus motivaciones políticas.

