Greysis de la Cruz analiza la semiótica del poder y sitúa a Maduro dentro de un patrón geopolítico de Estados Unidos

Greysis de la Cruz sostuvo que los acontecimientos ocurridos el 3 de enero en distintos contextos globales responden a una lógica de poder cuidadosamente construida por Estados Unidos, donde la fecha funciona como un símbolo de reinicio político, control narrativo y demostración de fuerza en el hemisferio y más allá.

En su comentario, De la Cruz vinculó los casos de Manuel Noriega, el general iraní Qasem Soleimani y Nicolás Maduro, señalando que, aunque se desarrollaron en escenarios distintos, comparten un mismo patrón semiótico: todos fueron presentados como enemigos estratégicos de Washington, asociados a narrativas de narcotráfico, terrorismo o amenazas a la seguridad nacional estadounidense.

Explicó que el 3 de enero no es una coincidencia histórica, sino una fecha utilizada para proyectar autoridad y marcar ciclos de poder, recordando que ese día, en 2020, el entonces presidente Donald Trump ordenó la eliminación de Soleimani, y que la misma fecha fue utilizada para acciones decisivas contra Noriega y, más recientemente, para la operación vinculada a Maduro.

Según la analista, estas acciones cumplen una doble función: enviar un mensaje interno de reafirmación del poder estadounidense y un mensaje externo dirigido a aliados, adversarios y gobiernos considerados hostiles, especialmente en América Latina. En ese contexto, interpretó las declaraciones posteriores de Trump sobre Cuba, Colombia, México y otras regiones como parte de una agenda hemisférica más amplia.

De la Cruz destacó que, mientras la atención regional se concentraba en Venezuela, Estados Unidos continuaba moviendo piezas estratégicas en otros frentes, como Ucrania, Medio Oriente, Turquía, Suecia y el Cuerno de África, reforzando su capacidad de actuación simultánea en múltiples escenarios.

Al comparar las operaciones, subrayó que la de Noriega fue una invasión prolongada, la de Soleimani un ataque selectivo y la de Maduro una operación quirúrgica de extracción, diferencias técnicas que, a su juicio, no alteran el mensaje político central: la reafirmación de la capacidad extraterritorial de Estados Unidos y la redefinición de las reglas del juego internacional.

Finalmente, Greysis de la Cruz afirmó que estos episodios deben leerse como parte de la construcción de un mito político y de un “sacrificio inaugural” que marca el inicio de un nuevo ciclo de poder, en el que Estados Unidos se proyecta como árbitro decisivo del orden hemisférico y redefine su relación con actores considerados amenazas estratégicas.