Geopolítica | Trump cumple un año en la Casa Blanca y redefine el orden global
Al cumplirse el primer año de Donald Trump al frente de la Casa Blanca, el escenario internacional muestra señales claras de reconfiguración del poder global, marcado por el unilateralismo, la presión económica y una diplomacia coercitiva que ha alterado las reglas establecidas tras la Segunda Guerra Mundial.
Así lo plantea la analista internacional Greysis de la Cruz, al evaluar un período caracterizado no solo por cambios internos en Estados Unidos, sino por una estrategia deliberada de reposicionamiento regional y global. Trump, más que ejercer la presidencia de su país, ha impulsado una doctrina de poder que trasciende fronteras y tiene impacto directo en regiones como el Caribe y América Latina.
De acuerdo con el análisis, el estilo Trump ha supuesto el debilitamiento de los organismos multilaterales, la erosión de consensos históricos y el reemplazo de la diplomacia tradicional por mecanismos de presión económica, tecnológica y psicológica. La guerra, en este nuevo contexto, deja de expresarse principalmente a través de tanques o tropas y se manifiesta mediante sanciones, bloqueos financieros y disputas estratégicas.
Este enfoque se refleja en la política exterior hacia la República Dominicana, donde la cooperación con Estados Unidos mantiene un tono distinto, más vinculado a la inteligencia geopolítica y a intereses estratégicos que a los esquemas diplomáticos convencionales. En América Latina, Venezuela se consolida como eje central de la política trumpista, evidenciando nuevas reglas de juego en el hemisferio, mientras Cuba e Irán continúan bajo presión constante.
En el plano global, Europa aparece debilitada, China y Rusia optan por una estrategia de desgaste frente al alto costo financiero del modelo de confrontación permanente, y Medio Oriente sigue inmerso en conflictos sin resolver. Propuestas como la creación de una “junta de paz” para Gaza, con fuerte participación privada y mínima representación estatal, son vistas como un intento de privatizar la gestión de los conflictos internacionales.
A un año de su gestión, Trump deja un mundo con menos árbitros, mayor incertidumbre y alianzas menos previsibles. Los grandes conflictos permanecen congelados, la diplomacia pierde espacio y el orden internacional avanza hacia una etapa donde la presión y la imprevisibilidad se convierten en norma.

