Destacan perfil técnico de Pedro Urrutia y apuestan por una DGII enfocada en eficiencia tributaria
Julio Hazim, Andrés Terrero y Michael Hazim coincidieron en valorar positivamente la designación de Pedro Porfirio Urrutia San Giovanni como director general de Impuestos Internos (DGII), al considerar que el nombramiento responde a un perfil técnico, con amplia experiencia fiscal y alto nivel de aceptación entre empresarios y profesionales del área tributaria.
Durante el análisis, Julio Hazim señaló que, tras los recientes cambios en el gabinete del presidente Luis Abinader, uno de los elementos que generó mayor tranquilidad fue la incorporación de figuras con “canas” y trayectoria probada, como Jorge Subero Isa y, en el caso de la DGII, Pedro Urrutia. Indicó que, aunque inicialmente no conocía en detalle su perfil, las referencias recibidas lo colocan como un experto fiscal de larga data, comparable en conocimiento y manejo técnico a otros directores históricos de la institución.
Andrés Terrero explicó que Urrutia es contador público autorizado y especialista en materia tributaria, con más de cuatro décadas vinculadas directa e indirectamente a la DGII. Recordó que fundó en 1992 la firma Urrutia, Liriano & Asociados, posteriormente afiliada a una firma internacional de alto prestigio, y que ha sido consultor habitual tanto de directores de Impuestos Internos como de importantes sectores empresariales. Lo describió como una figura accesible, dialogante y conocedora profunda del sistema impositivo dominicano.
Terrero afirmó que la llegada de Urrutia representa una diferencia relevante frente a etapas anteriores, en las que no siempre la DGII estuvo encabezada por especialistas estrictamente fiscales. A su juicio, el nuevo director conoce “todo el sistema”, desde la normativa hasta las prácticas reales de evasión, omisión y cumplimiento, lo que lo coloca en condiciones de impulsar una gestión más eficaz sin necesidad de reformas legales inmediatas.
Michael Hazim subrayó que uno de los elementos más llamativos del nombramiento es el consenso positivo que genera Urrutia en prácticamente todos los sectores, incluyendo empresarios, profesionales liberales y analistas económicos. Destacó que se trata de una figura sin militancia política visible, percibida como un técnico puro, con capacidad de comunicación y negociación, cualidades clave para una institución que históricamente ha sido foco de tensiones entre el Estado y el sector privado.
En el debate, los comentaristas coincidieron en que el eje central de la gestión de Urrutia debe ser la llamada “eficiencia tributaria”, concepto que —explicaron— no implica crear nuevos impuestos ni aumentar tasas, sino recaudar más con el mismo marco legal, reduciendo la evasión y ampliando la base de contribuyentes efectivos. Se señaló que en la República Dominicana persiste un alto nivel de informalidad y omisión fiscal, lo que provoca que la carga tributaria recaiga de forma desproporcionada sobre quienes ya cumplen.
Hazim puntualizó que la DGII no legisla ni diseña reformas fiscales, sino que ejecuta la ley vigente mediante reglamentos y resoluciones, y que su margen de acción está orientado a mejorar la administración, el control y la fiscalización dentro de los límites legales. En ese contexto, valoró que Urrutia haya planteado públicamente la necesidad de combatir la evasión sin recurrir a presiones adicionales sobre los contribuyentes formales.
El panel también abordó la relación entre la DGII, el Ministerio de Hacienda y la Junta Monetaria, coincidiendo en que, aunque existen instancias formales de coordinación, históricamente ha habido debilidades en la articulación entre política fiscal y política macroeconómica. No obstante, señalaron que la actual estructura institucional, con Hacienda como ente rector y con presencia en la Junta Monetaria, crea mejores condiciones para una gestión coordinada de ingresos y estabilidad económica.
Finalmente, los analistas consideraron que la designación de Pedro Urrutia se inscribe en una tendencia del gobierno de Luis Abinader a recurrir a técnicos experimentados para áreas sensibles del Estado, incluso cuando no provienen del núcleo político oficial. A su juicio, el éxito de su gestión dependerá de su capacidad para reducir la evasión, mejorar la percepción de justicia tributaria y sostener las recaudaciones sin afectar la ya limitada liquidez de empresas y contribuyentes formales.

