Delación premiada

La delación premiada se ha convertido en el eje de los grandes casos de corrupción, no por su eficacia, sino por la incapacidad del sistema para producir investigaciones sólidas. En lugar de pruebas contundentes, la justicia depende de acuerdos con imputados que negocian su libertad. Así, la verdad deja de ser un valor y se convierte en moneda de cambio. Algunos delatores caminan libres, viajan y disfrutan, mientras otros cargan con el peso público del escándalo. Este modelo revela una falla estructural de que el Estado no ha logrado documentar ni rastrear sobornos con rigor, por eso opta por la negociación.