Corrupción

La corrupción en el país funciona como un sistema que se protege a sí mismo. No se trata solo de delitos aislados, sino de una estructura donde la impunidad garantiza continuidad. Las cifras millonarias mencionadas no caben en bolsillos individuales, sino en redes que operan con complicidad. La pregunta real no es si se combate la corrupción, sino quién define las reglas del combate. Cuando los mismos actores que diseñaron los mecanismos de saqueo participan en su supuesta persecución, el país queda atrapado en un ciclo perverso. La corrupción es real, la impunidad también, pero la complicidad es el cemento que mantiene vivo el modelo.