Sin hijos

España está entrando en el proceso de tener la primera generación que envejece masivamente sin hijos.

Siete de cada diez hogares ya no tienen niños y la maternidad se retrasa o se descarta por la precariedad económica, la vivienda inaccesible y modelos de vida que rompen con la familia tradicional. Lo grave es que el país no se ha preparado con un sistema de cuidados capaz de sostener esta nueva realidad social.

La dependencia sigue recayendo en las familias, justo cuando hay menos descendencia disponible. La vejez sin apoyo directo expone vulnerabilidades que el Estado aún no asume. Ignorar este cambio demográfico sería el peor error de Europa.