Pobre Cuba

El caso cubano vuelve a demostrar que ningún país sobrevive eternamente sin producir. Antes de la revolución, Cuba tenía casinos y brillo urbano, pero nunca desarrolló un sector agrícola capaz de sostener a su población. Tras 1959, en vez de apostar por autosuficiencia, el país vivió primero del subsidio soviético y luego del petróleo venezolano. Hoy, sin esos apoyos, enfrenta escasez incluso de alimentos básicos. Mientras tanto, la diáspora cubana prosperó en Estados Unidos hasta influir en elecciones y ocupar cargos clave. La paradoja es evidente: quienes se fueron construyeron poder; quienes se quedaron dependen de remesas. La lección es simple y dura.