La Iglesia Católica tendrá pronto dos nuevas Santas y una nueva Beata

REVISTA110.-CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa Francisco recibió ayer en audiencia al Cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y autorizó a la Congregación promulgar los Decretos relativos a dos nuevas santas y a una nueva beata.

Las dos nuevas Santas son Dulce Lopes Pontes y Giuseppina Vannini, y la beata, Lucia de la Inmaculada.

Los decretos conciernen el milagro atribuido a la intercesión de la beata Giuseppina Vannini(en el siglo: Giuditta Adelaide Agata), fundadora de las Hijas de San Camilo, quien nació en Roma (Italia) el 7 de julio de 1859 y murió allí el 23 de febrero de 1911.

En tanto la beata Dulce Lopes Pontes (en el siglo: Maria Rita), de la Congregación de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios; nació en São Salvador da Bahia (Brasil) el 26 de mayo de 1914 y murió allí el 22 de mayo de 1992 y se destacó por fundar la unión de los trabajadores de San Francisco, un movimiento cristiano de trabajadores en Bahía. Luego comenzó a recibir a personas enfermas en casas abandonadas en una isla de Salvador de Bahía.

De acuerdo a los datos del Vaticano, la venerable Sierva de Dios, Lucía de la Inmaculada, hermana profesa del Instituto de las Siervas de la Caridad; nació en Acquate (Italia) el 26 de mayo de 1909 y murió en Brescia (Italia) el 4 de julio de 1954. Perdió a su padre a la edad de 4 años y luego a su madre tres años más tarde.

Por talmotivo, Judith,su nombre de Pila, fue acogida en el Conservatorio Torlonia de Roma, donde las Hijas de la Caridad la educaron en la fe cristiana y la prepararon para la vida. Obtuvo el diploma de maestra de asilo y a los 21 años pidió entrar en el noviciado de las Hijas de la Caridad en Siena. Pero poco después regresó a Roma por razones de salud y por un período de prueba. Al año siguiente regresó a Siena, pero fue dada de baja definitivamente del Instituto porque se la consideró inadecuada.

Tenía 32 años cuando participó en un curso de ejercicios espirituales en la casa de las Hermanas de Nuestra Señora del Cenáculo en Roma. El último día del retiro, el 17 de diciembre de 1891, Judith se presentó al predicador, el Padre Camiliano Luigi Tezza, para pedir consejo. Unos meses antes, el padre había sido comisionado como Fiscal General para restaurar los Terciarios Camilianos y en ese momento tuvo una inspiración: confiarle la realización de proyectos de niñeras.

Judith aceptó y el P. Tezza pronto descubrió en ella el temperamento de la fundadora, segura de sí misma, una mujer de oración y sacrificio. Informó a los superiores de la Orden Camiliana y obtuvo la autorización del Cardenal Vicario de Roma para proceder con esta iniciativa.

Se recuerda que la canonización, el acto mediante el cual la Iglesia católica, tanto en su rito oriental como en el occidental, declara como santa a una persona fallecida, comprende la inclusión de dicha persona en la lista de santos reconocidos, así como el permiso para rendir culto público y universal a esa persona, a la cual se le asigna una fiesta litúrgica, se le dedican iglesias, capillas o altares, y se reconoce su poder de intercesión ante Dios.