Salario devorado
Detrás de los “quintiles” y las cifras macroeconómicas, se esconde la realidad de que salir a trabajar en este país es un ejercicio financiero de pérdida. Con un gasto diario de 500 pesos en transporte y comida, el salario se convierte en un subsidio de la propia jornada laboral. El trabajador vive atrapado en un tránsito de tres horas de ida y vuelta para apenas ver a sus hijos por la noche. El trabajo consume la vida sin garantizar la subsistencia. La cruda verdad es que el contrato social está roto por un sistema que devora a quien lo sostiene.

